1998, iniciaba mi primer año en la secundaría, no solo iba a tener clases y talleres de teatro, sino que tendría una especialidad técnica como programador analista. Me encantaban las computadoras y la idea de hacer programas era muy emocionante.
Entender y aplicar el lenguaje de programación abrió todo un mundo de posibilidades, unas cuantas líneas de código podían desde hacer dibujos en la pantalla, crear bases de datos, hasta videojuegos.
Tener el poder de construir cualquier cosa que imaginara sabiendo programar fue impresionante. Con el tiempo, descubrí que no solo los programadores tienen esta habilidad. Los escritores, los comunicadores, incluso tú y yo en una conversación casual, tenemos acceso a un poder igual de transformador. El lenguaje, ese conjunto de palabras y frases que damos por sentado, es también un código. Un código que puede programar emociones, diseñar pensamientos y transformar percepciones.
Piensa en una palabra como “desafío”. Si alguien te dice: “Esto es un desafío”, probablemente sientas una mezcla de energía y curiosidad. Pero si esa misma situación te la describen como “problema”, podrías sentir ansiedad o rechazo. Una palabra, una pequeña pieza de código verbal, cambia completamente tu respuesta emocional y mental.
El lenguaje programa cómo te comportas. Las historias que te cuentas a ti mismo sobre quién eres y qué puedes lograr son tan importantes como el código que dicta el funcionamiento de un programa. Si constantemente te dices “no soy bueno para esto”, te estás escribiendo un algoritmo de fracaso. Pero si reescribes esa narrativa a algo como “¡Estoy aprendiendo y mejorando cada día!”, de repente todo cambia.
Y así como hay lenguajes de programación para crear aplicaciones, también existe un lenguaje para algo que impacta a todos: el dinero. El código primario del dinero no está en una cuenta bancaria ni en un plan de negocios; está en cómo piensas y hablas sobre él. ¿Hablas del dinero como un enemigo escurridizo o como un aliado estratégico? ¿Piensas en él como algo que nunca alcanza o como un recurso que puedes aprender a multiplicar?
El lenguaje del dinero también programa cómo te relacionas con él. Si adoptas frases como “el dinero es una herramienta que trabaja para mí”, empiezas a pensar en términos de abundancia y oportunidad. Si en cambio usas expresiones como “el dinero es la raíz de todos los males”, podrías estar bloqueando inconscientemente tus posibilidades de crecimiento.
El poder del lenguaje, ya sea en una computadora, en un libro o en tu mente, está en su capacidad de construir. Con código, puedes crear un programa; con palabras, puedes crear una realidad. La clave está en ser consciente del código que usas y en asegurarte de que esté alineado con lo que realmente quieres construir.
Hoy, mientras reflexionas sobre las palabras que eliges usar, recuerda que también estás programando el mundo en el que vives. Ya sea en la esfera de la tecnología, en tus relaciones personales o en tu manera de ver el dinero, el lenguaje siempre será tu herramienta más poderosa. ¡Así que prográmate para el éxito!
Preguntas para reflexión:
- ¿Qué palabras te dices a ti mismo constantemente? ¿Están construyendo o destruyendo?
- ¿Cómo podrías reprogramar tus pensamientos para alinearlos con tus metas?
- ¿Está tu lenguaje financiero alineado con la abundancia que deseas?
— J.