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¿Estás preparado para el alto desempeño?

¿Estás preparado para el alto desempeño?

Por años, fui alguien completamente mental.

Lo mío era pensar, crear, producir. Si no generaba dinero, crecimiento o conocimiento, no valía la pena.

Realmente consideraba el ejercicio como una gran pérdida de tiempo.

Lo veía como un sacrificio absurdo, un esfuerzo sin retorno real. Si no planeaba ser fisicoculturista ni atleta profesional, ¿para qué gastar energía en algo tan “banal”?

Hasta que varias ideas al fin hicieron clic.

También es parte del trabajo

En Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, Stephen Covey cuenta la historia de un leñador que pasa horas tratando de talar un árbol con una sierra desafilada.

Alguien lo ve y le dice:
¿Por qué no afilas la sierra?

Y el leñador responde:
No tengo tiempo, estoy demasiado ocupado cortando árboles.

Esa historia me golpeó como un ladrillo en la cara.

Así vivía yo.

Tan enfocado en hacer, en producir, en generar resultados, que nunca me detuve a pensar si mi herramienta principal —mi cuerpo— estaba en condiciones de sostener el ritmo que quería llevar.

Si mi energía bajaba, lo compensaba con café.
Si me dolía la espalda, me aguantaba.
Si me sentía drenado, lo ignoraba.

Claro que entrenar estaba en mi lista de propósitos… sobre todo cuando tenía que comprar ropa más grande.

Pero en realidad, nunca lo tomé en serio.

Hasta que mi mentor me lo dijo fuerte y claro: el fitness es parte del trabajo.

Porque, ¿cómo iba a jugar en ligas de alto desempeño con una condición física promedio?

No era cuestión de pensar ni de planear.

Solo tenía que hacerlo.

Y después de poco más de un mes siendo consistente, te cuento cómo me está yendo.

Los primeros cambios

Al principio, la incomodidad era total.

Mi cuerpo protestaba.
Mi mente quería distraerme.
Cada entreno parecía una pelea interna.

Pero seguí.

Y después de unas semanas, algo cambió.

Me sentía más fuerte. No solo físicamente, sino mentalmente.

Más enfoque.
Más claridad.
Más energía.

No estaba perdiendo tiempo.
Estaba invirtiéndolo en mi capacidad de producir más y mejor.

El ejercicio dejó de ser un sacrificio y se convirtió en un sistema de mantenimiento.

Como llevar el coche al taller antes de que se dañe.
Como afilar la sierra antes de seguir cortando árboles.

No se trata de músculos, sino de resistencia

Aún me falta mucho.

No soy un atleta ni un modelo de fitness. No levanto toneladas ni corro maratones.

Pero ya entendí algo: si quiero sostener el nivel de juego al que aspiro, necesito un cuerpo que aguante la batalla.

Si tú, como yo, has ignorado esto porque “hay cosas más importantes”, te dejo esta idea:

Un leñador sin una sierra afilada no llega lejos.
Un emprendedor, creador o empresario sin energía, tampoco.

Entrenar no es un hobby.
No es un lujo.
No es opcional.

Es parte del juego.

Afila tu hacha.

Nos vemos en la cima.

— J.

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